domingo, 29 de mayo de 2016

Nostalgias


Desde hace tiempo todas las tardes me dispongo a tomar un descanso de la jornada laboral, sentarse en una banca de esta metódica ciudad viendo como las máquinas con ruedas pasan frente a mí haciendo un sinfín de sonidos.

Justo en el momento en que el estrés y fatiga recaen en mis ojos, siento la presencia del único ser vivió que podría llamar mi atención; si aquella ave que no le teme a nada y que su único fin es atrapar ese insecto o recoger una borona de alimento del suelo sin importar que infinidad de piernas humanas pasen a centímetros de él. En ese momento entiendo lo que es valorar lo que tenemos , hace solo un par de años lo único que esperaba de la vida era lo que cualquier persona que sólo tiene 7300 días de vida; "concluir los estudios profesionales" para luego ganar dinero y completar ese sueño que me llevaría a mi "Felicidad" y hoy contemplando la majestuosa fuente donde la figura de Helvia Martínez "La flechadora de las estrellas del norte" que es admirada a diario por miles de personas, intento ver mi pasado y mi porvenir cuando en mi mente se genera esa pregunta ¿Sera que ya tengo mi felicidad?

El cambiar las horas de escuela con todas esas personas que me hacían reír, donde sacaba mis traumas reflejados en enojos por una insignificante acción. Las tardes caminando por las calles del ahora mal llamado "Pueblo Mágico" viendo la infinidad de paisajes y su innumerable fauna, saludando a todo aquel que dirigía su mirada a mí.

Ahora, todos los días me despierto con las ganas de no asistir al trabajo pero esa infame y metódica frase se apodera de mí y me hace despertar abrir los ojos y levantarme, y si la frase es la misma que tanto odie años atrás "Levántate que tienes que hacer dinero"; sin embargo y a pesar de todo sigo con la rutina de cada día pero ahora ha cambiado; los hermosos paisajes naturales por todas esas majestuosas estructuras creadas por el hombre, y la infinidad de autos que van de un lado a otro como si fuera un hormiguero pero me siento en casa cuando a unas calles de llegar a mi destino, comienzo a reconocer a las personas desde la vendedora de cafeína que me ayuda a no morir de sueño, hasta el vigilante que te cuestiona al entrar pero que todos, sin razón aparente saludan con un muy amable gesto, y claro  pasando por esa sonrisa que se genera al ver mi llegada y que me recibe con un dulce y tierno beso que lo único que me hace pensar es que; efectivamente soy lo que siempre he querido ser.



 (Arturo Bernal, 05/2016)


Fuente de la Diana Cazadora


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